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Nota

Consentimiento informado en psicoterapia

Publicado el 23 de septiembre de 2026 · Lic. María Belén Flood, M.P. 14845

El consentimiento informado no es un papel que se firma una vez y se archiva. Es un proceso, y en psicoterapia es además una parte del encuadre: decirle a alguien en qué consiste lo que vamos a hacer, cuánto puede durar, qué alternativas hay y qué pasa con lo que cuenta.

Qué dice la ley

La Ley 26.529 lo define como la declaración de voluntad del paciente, emitida después de recibir información clara, precisa y adecuada. Esa información tiene que incluir su estado de salud, el procedimiento propuesto con sus objetivos, los beneficios esperados, los riesgos y molestias previsibles, las alternativas posibles y las consecuencias previsibles de no tratarse.

La regla general es que puede ser verbal, y que debe ser por escrito en algunos supuestos, como internación o procedimientos invasivos. En psicoterapia ambulatoria no suele ser obligatorio por escrito, pero documentarlo protege a las dos partes y es lo que recomiendan los colegios profesionales.

Qué no puede faltar, en psicoterapia

Más allá de la letra de la ley, hay información que en nuestra práctica conviene dar siempre y dejar asentada. En qué consiste el tratamiento propuesto y con qué marco teórico trabajás. La frecuencia y la duración estimada, aunque sea aproximada. Los honorarios, la forma de pago y qué pasa con las sesiones que se cancelan tarde o a las que no se asiste. Cómo se maneja la comunicación entre sesiones. Y el punto que más preguntas genera: el alcance y los límites de la confidencialidad.

Sobre los límites del secreto. Conviene decirlo de entrada y con todas las letras: lo que se habla es confidencial, salvo las situaciones en que la ley obliga a informar, como riesgo cierto e inminente para la vida propia o de un tercero, o situaciones de vulneración de derechos de niñas, niños y adolescentes. Decirlo al principio evita que aparezca como una traición en el momento más delicado.

Niñas, niños y adolescentes

Acá hay una capa más. El Código Civil y Comercial reconoce la autonomía progresiva: entre los 13 y los 16 años se presume que el adolescente puede decidir por sí mismo sobre tratamientos que no resulten invasivos ni comprometan su salud, y desde los 16 se lo considera adulto para las decisiones sobre su propio cuerpo. En psicoterapia eso se traduce en pedir el consentimiento de quienes ejercen la responsabilidad parental y, además, el asentimiento del chico o la chica, explicado en su idioma.

Cómo documentarlo sin que sea un trámite

La forma que a mí me resulta: una conversación en la primera entrevista, y un documento breve que resume lo hablado y queda firmado en la segunda. Breve: una carilla. Un consentimiento de cuatro páginas con letra chica nadie lo lee, y un documento que no se leyó no informa nada, que era justamente el punto.

Después, se guarda con la historia clínica. Si la historia es digital, el consentimiento va escaneado o firmado digitalmente junto al resto. Y si el encuadre cambia —cambia la frecuencia, cambian los honorarios, se suma una interconsulta— se vuelve a hablar y se deja asentado.

Qué incluye el modelo que uso

En Mi Consultorio el consentimiento se genera con tus datos y los del paciente, con estos puntos: quién te atiende y con qué matrícula, en qué consiste el tratamiento, frecuencia y duración estimada, honorarios y política de cancelación, confidencialidad y sus límites, derechos del paciente sobre su historia clínica, manejo de la información en formato digital, y la firma de las dos partes. Se emite en PDF, se firma y queda guardado con la historia.

Esta nota es orientativa. Cada jurisdicción y cada colegio profesional puede tener exigencias propias, y si trabajás con poblaciones específicas conviene que un abogado revise tu modelo.

Ver también: qué pide la ley con la historia clínica.

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