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Nota

La primera entrevista: qué preguntar y cómo cerrarla

Publicado el 11 de octubre de 2026 · Lic. María Belén Flood, M.P. 14845

La duda que más escucho de colegas que recién empiezan no es teórica: es «¿y qué hago los primeros cincuenta minutos?». Esto es lo que a mí me ordenó la primera entrevista, con la parte clínica y la administrativa juntas, porque en la práctica pasan al mismo tiempo.

Una aclaración antes de empezar: no existe una única primera entrevista correcta. Cambia con el marco teórico, con la edad del paciente y con el motivo por el que llega. Lo que sigue es una estructura mínima, compatible con casi cualquier orientación, pensada para que no se te escape nada importante mientras todavía estás aprendiendo a sostener el encuentro.

Antes de que llegue

Buena parte de la primera entrevista se resuelve antes de la primera entrevista. Con cuatro datos tomados cuando pide el turno alcanza: nombre completo, un teléfono, edad y si busca atención presencial u online. Si el paciente llega derivado por otro profesional, anotá por quién.

Si trabajás con consentimiento informado escrito —y conviene—, podés mandarlo antes para que lo lea sin apuro, y dejar la firma y las preguntas para el encuentro. Así no gastás los primeros quince minutos leyendo un texto en voz alta.

Un detalle que cuesta caro olvidar: confirmá cómo prefiere que lo contactes y si podés dejar mensajes de voz o escritos en ese número. Hay personas que no quieren que en su casa aparezca un recordatorio de un turno de psicología, y es parte del cuidado preguntarlo antes de mandar el primero.

Los primeros minutos: encuadre y confidencialidad

Antes del motivo de consulta, dos o tres frases que ubiquen al paciente: cuánto dura la sesión, que lo que se habla queda entre los dos y cuáles son los límites de eso. No hace falta un discurso. Algo así:

«Nos vamos a ver cincuenta minutos. Todo lo que hablemos acá es confidencial: no lo comparto con nadie sin tu autorización. Las únicas excepciones son las que marca la ley, básicamente si aparece una situación de riesgo serio para tu vida o la de otra persona, o si un juez lo pide. Si en algún momento pasa algo de eso, te lo voy a decir primero a vos.»

Decirlo al principio hace dos cosas: cumple con el deber de información que la Ley 26.529 pone en cabeza del profesional y deja el tema instalado, así después no aparece como una sorpresa. El deber de secreto, además, está en la propia ley de ejercicio: en Córdoba, el artículo 7 de la Ley 7106 obliga a guardar «el más riguroso secreto profesional» sobre cualquier prescripción o acto profesional.

El motivo de consulta: cómo preguntarlo

Una pregunta abierta y después silencio. «Contame qué te trae» alcanza. Lo que viene después del silencio suele valer más que cualquier cuestionario.

Cuando el relato se detiene, hay tres preguntas que casi siempre abren algo:

Qué conviene relevar en la primera o la segunda

No hace falta completar todo el día uno. Pero sí conviene tener claro qué falta. Esta es la lista corta:

Preguntar por el riesgo

Es la parte que más se evita al principio, por miedo a «instalar la idea». No funciona así: preguntar de manera directa y tranquila no induce nada y suele ser un alivio para quien lo está pensando y no sabe cómo decirlo.

Se puede ir de lo general a lo específico: cómo se siente con su vida en este momento, si aparecieron pensamientos de no querer seguir, si eso tomó la forma de un plan, si hubo intentos antes, si hay algo o alguien que lo sostiene. Lo que importa es que la pregunta exista, que puedas sostener la respuesta sin sobresaltarte y que sepas qué sigue.

Qué sigue, en concreto: si hay riesgo cierto e inminente, no se resuelve con el próximo turno a la semana. Se acorta la frecuencia, se convoca a la red cercana con acuerdo del paciente, se pide interconsulta con psiquiatría y se deja por escrito la guardia de referencia a la que puede ir o llamar en el momento. La Ley 26.657 es el marco: atención por equipo interdisciplinario, la alternativa menos restrictiva posible y la internación como recurso excepcional. Todo eso se registra en la historia clínica el mismo día, con lo que evaluaste y lo que decidiste.

Si todavía no tenés con quién hacer una interconsulta, conseguilo antes de tener que usarlo. Un psiquiatra con quien puedas hablar y la guardia de salud mental más cercana a tu consultorio son dos datos que tienen que estar en tu agenda desde el primer paciente, no buscados a las apuradas un viernes a la tarde.

Cuando la consulta no es para vos

Puede pasar en la primera entrevista, y está bien que pase. El Código de Ética de la FePRA pide reconocer los límites de la propia competencia y proveer solo los servicios para los que uno está habilitado; su artículo 3.1.8 contempla directamente la derivación a otro profesional. Un cuadro que requiere una formación específica que no tenés, un conflicto de intereses, un vínculo previo con el paciente o su familia: todos son motivos para derivar, no para improvisar. En esta nota está cómo hacerlo sin que el paciente se vaya con la sensación de haber sido rechazado.

El encuadre concreto

Diez minutos antes del final, se cambia de registro. Esto es lo que tiene que quedar dicho y, mejor, escrito:

  1. Frecuencia y duración: semanal, quincenal, cuánto dura cada sesión.
  2. Honorarios: valor, medio de pago, cuándo se paga y cada cuánto se actualiza (hay un método para calcularlo en la nota sobre honorarios).
  3. Ausencias y cancelaciones: con cuánto aviso no se cobra. Decirlo el primer día evita la conversación incómoda del día que falte.
  4. Canal de contacto: por dónde se comunican entre sesiones y para qué sirve ese canal (más en la nota sobre WhatsApp y encuadre).
  5. Modalidad: presencial, online o mixta. Si va a haber videollamada, lo que conviene acordar antes está en esta nota.

Cómo cerrar

Una devolución breve, en el lenguaje del paciente, que ordene lo que trajo: qué entendiste, qué te parece que se podría trabajar y cómo propones seguir. No es el momento del diagnóstico ni de la interpretación brillante. Es el momento de que la persona sienta que lo que contó entró en algún lado.

Después, lo práctico: próximo turno con día y hora, y que se vaya con eso confirmado. La ausencia a la segunda sesión es altísima cuando el paciente se va sin fecha.

Qué registrar de la primera entrevista

La historia clínica es obligatoria desde el primer encuentro. Para la primera entrevista, el mínimo razonable es: datos de identificación, fecha, motivo de consulta en palabras del paciente, lo relevado de la lista de arriba, la evaluación de riesgo (incluso cuando es negativa: «sin ideación al momento de la consulta» es un dato clínico y legal), la impresión diagnóstica provisoria, el encuadre acordado y el plan. Si firmaron consentimiento, queda adjunto.

La Ley 26.529 pide que la historia sea completa, cronológica y foliada, y que se conserve diez años desde la última actuación. Qué va y qué no va en cada nota está desarrollado en esta otra nota.

Cómo lo hago yo

En Mi Consultorio tengo una ficha de primera entrevista con esos campos ya armados, el consentimiento informado editable para firmar y adjuntar, y el turno siguiente se agenda desde la misma pantalla, con el recordatorio automático. Los datos se cifran en tu dispositivo antes de salir. Hay diez días de prueba sin tarjeta.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas entrevistas iniciales conviene hacer antes de empezar el tratamiento?

No hay una regla única. Es habitual tomar entre una y tres entrevistas de evaluación antes de acordar el encuadre y la propuesta de trabajo. Lo importante es que el paciente sepa desde el principio que esas primeras entrevistas son para evaluar juntos si seguir, y con qué frecuencia.

¿Se cobra la primera entrevista?

Sí, es una consulta profesional como cualquier otra. Si querés ofrecer una entrevista inicial a otro valor, está bien, pero conviene que el criterio sea claro y el mismo para todos. Tené en cuenta que el Código de Ética de la FePRA, en su artículo 6.1.1.1, pide abstenerse de publicitar honorarios, y en el 6.1.1.3 prohíbe usar el precio o la gratuidad como propaganda.

¿El consentimiento informado se firma en la primera sesión?

Lo habitual es entregarlo o enviarlo antes, conversarlo en la primera entrevista y firmarlo ahí o en la siguiente, cuando el paciente ya decidió iniciar. Lo que no conviene es firmarlo sin leerlo ni dejarlo para dentro de tres meses.

¿Qué hago si el paciente pide un diagnóstico en la primera sesión?

Se puede responder con honestidad: que una entrevista no alcanza para eso, qué es lo que sí observás hasta ahora y en cuánto tiempo vas a poder decirle algo más preciso. Si el pedido viene por un trámite o un certificado, conviene aclarar qué podés emitir y qué no antes de avanzar.

¿Puedo tomar notas durante la entrevista?

Sí, y conviene avisarlo: «voy a ir anotando algunas cosas para no perderlas». Lo que no funciona es escribir todo el tiempo sin mirar al paciente. Una alternativa es anotar palabras clave durante la sesión y completar la nota en los minutos siguientes.

Para seguir leyendo

Fuentes

Esta nota es orientativa y no reemplaza la supervisión clínica, el asesoramiento legal ni la consulta al colegio profesional de tu jurisdicción. Información revisada al 11 de octubre de 2026.

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